El segundo día en Tokyo fue de mucha calor, cielo nublado pero un  bochorno importante, y la ruta elegida resultó no mejorar la situación. La idea era visitar los jardines del Palacio del Emperador pero resultó que estaban cerrados al público al igual que el museo de arte, por lo que me pegué una pateada considerable sin mucha cosa destacable que ver, el Memorial de la Segunda Guerra Mundial y poco más.

Ya casi al mediodía llegué a la  zona de Ginza que es como la quinta avenida de Manhattan,  con todas las grandes marcas. Por cierto, que estoy viendo más Zara’s en Tokyo de los que recuerdo en Barcelona. Estuve viendo una tienda de electrónica como previo a visitar el Sony Building y Leica.

En Sony probé una cámara que hace fotos en 3D pero no fui capaz de hacer ninguna foto con los mensajes en japonés, no las había visto en Barcelona, cuestan 35000 Yens (315€ aprox.). La propia Sony no recomienda comprar productos japoneses a turistas de occidente, así que me quedé con las ganas de jubilar mi vieja Sony, de momento…

Y para acabar el día fui al Museo de la Publicidad de Tokyo donde me enteré del porque de los exquisitos modales de los japoneses. Pero eso se merece un post aparte.

Y por la noche, estuve en la zona del hotel, que es zona de ocio, cenando en un restaurante de tempura donde tuve más pequeños platos en la mesa a la vez que nunca, y todos servían para algo.

Piss Alley Bar - Albatross

Piss Alley Bar - Albatross

Y después de cenar me fui a dar una vuelta por la zona llena de bares, clubs(de todo tipo), discotecas(con entrada de 90€) y me encontré con unos callejones que llaman el barrio Koreano o el Piss Alley(callejón de los meados), que son bares amontonados uno al lado del otro y cada uno no tiene más de dos metros de fachada. La foto es de uno de ellos y está hecha desde la puerta con lo que veis el ancho y el largo del local. Cabían 7 personas una al lado de la otra muy juntitas de largo y alguna más debajo del hueco de la escalera porque tenía tres plantas. También había un bar con decoración flamenca con pintoresca clientela. Y en la puerta de ese bar conocí a un par de japoneses y un par de americanos que me invitaron a donde he estado esta tarde, que ya os avanzo que ha sido divertidísimo, aunque en general todo el día ha sido marcadamente ‘freak’.