Día de traslado. He llegado a la estación con mucha antelación y he cambiado el billete para salir media hora antes, sin ninguna pega y en dos minutos. Tren lleno de españoles, se nos oye por donde vamos…

Justo llegar a Kyoto, visita a la oficina de turismo donde me han surtido de mapas y directo a la torre de Kyoto que está enfrente. Es más bajita, 131 m, con el mirador a 100m pero con un día claro como el de hoy y siendo una ciudad más pequeñita se veía todo Kyoto.

Kyoto desde su torre

Kyoto desde su torre

Comida 100% japonesa en un pequeño restaurante en el sotano del edificio de la torre: ternera en salsa, con arroz y huevo.

Tras un trayecto de 4 paradas de metro con un transbordo check-in en el hotel junto al río, donde el botones habla 4 palabras de español,  y a patear.

La primera impresión ha sido divertida, pasaba por delante de construcciones grandes de estilo japonés que parecía que fueran templos pero no cuadraban con el plano y es que eran casas particulares, impresionantes de verdad. Luego he llegado a la zona de los templos y he podido ver un par de ellos antes de que empezara a oscurecer.

Heian Jingu

Heian Jingu

Lo que también me ha sorprendido es la efusividad de la gente, tanto para ayudarte cuando te ven mirando el mapa o delante de la máquina de billetes del metro, como un señor de Osaka que se me ha presentado solemnemente con toda su familia y en correcto español  cuando me ha oído comentar a un chico de Singapur que era de Barcelona. La hija del señor ha grabado en vídeo los 10 minutos que, hemos estado hablando. Da la impresión que los que hablan inglés les encanta cuando tienen la oportunidad de practicarlo y la verdad es que a mí en Barcelona también me pasa.

En general, Kyoto al lado de Tokyo es casi un pueblo y se nota, la gente es más relajada y sociable e igual de serviciales. Un estudiante japonés de literatura inglesa practicamente me ha acompañado hasta el hotel y no dejaba de comentar, explicar y preguntar cosas, incluso me ha dado su teléfono por si tenía cualquier urgencia mientras estaba en la ciudad.

Ya anochecido en la zona de Shijio, he cenado Yakitori ( pinchitos variados ) con un profesor de piano de la universidad de Montreal que pasa sus vacaciones de Navidad en La Gomera.  Por la zona he visto varias geishas auténticas, acosadas alguna por un grupo de turistas. Y como colofón de la noche, en un Pub irlandés he conocido a Sean, un inglés aprendiz de mago que ha estado haciéndome trucos de magia con cartas y monedas, la verdad que era habilidoso y además divertido en la puesta en escena, lástima que la luz era muy mala y no he podido grabarlo.

Sean, el mago

Sean, el mago