Madrugon grande para ir a visitar las tumbas Ming y la Gran Muralla. La visita la hacia con el tour que habia contratado y resulto un poco desastre porque como suele pasar en estos casos, el tour incluia dos visitas a tiendas, una de jade y otra de seda, donde te explicaban un poco sobre la elaboracion y calidad de los productos y luego te dejaban un rato para que compraras. No obstante, estuvo bien, eramos solo 7 personas y estuvo animado.

Uno de los miembros del grupo era un hombre de Bangladesh que fabricaba gafas de sol en China y que me estuvo contando cosas muy interesantes sobre la manera de hacer las cosas de los chinos, como que, trabajaban como robots, hasta el punto de copiar incluso los errores que hubiera en el modelo que se les pasara, y que seguian el horario a rajatabla. Y sobre su honestidad, que merece capitulo aparte…

La visita a las tumbas Ming fue muy breve y apenas vimos nada, pero la visita a la Gran Muralla, esa si que valio la pena. El primer tramo de subida lo hicimos en una especie de montanya rusa de juguete que daba un poco de ginye por lo sencillo del sistema. El segundo tramo, una media hora, andando o mejor dicho casi escalando porque tenia una pendiente considerable.

Vistas desde la Gran Muralla

Vistas desde la Gran Muralla

Me rei bastante, porque habiendo llegado arriba del todo, varias chicas chinas me pidieron hacerse fotos conmigo. La verdad, me resulto chocante. Luego pense que se estaba vengando por las fotos que yo me hice con las japonesas o que ellas no querian ser menos, o yo que se.

Por cierto, desmentir que la Gran Muralla se vea desde el espacio, es como os diria…. lo que se viene a llamar un cuento Chino.

Por la noche ya de vuelta fui a uno de los restaurantes que aparecian en la Lonely Planet a comer una pierna de cordero al estilo de las de Cerdanyola. Yo creo que JV se hubiera tomado dos, aunque no se si con los palillos hubiera sido tan facil.

Pierna de cordero

Pierna de cordero