Puesto que en los días anteriores no habíamos podido visitar la catedral, porque coincidímos siempre con misa, nos acercamos por la mañana para verla con calma. Además del tradicional abrazo al Apóstol, que muchos peregrinos han convertido en el beso al Apóstol (las autoridades sanitarias deberían tomar cartas en el asunto aunque me extraña que la iglesia católica no lo haya hecho ya), pudimos ver la puerta Xacobea(cerrada), el botafumeiro (que parece más grande por la tele, debía ser el de diario, no el de las grandes ocasiones) y numerosas imágenes, entre otras la de la Virgen de Montserrat.

Botafumeiro de la catedral

Botafumeiro de la catedral

La siguiente visita fue a la Isla de La Toja. Francamente un tanto decepcionante, pues como anunciaba la guía toda la isla está urbanizada y poco queda para visitar. Como curiosa la capilla recubierta íntegramente por conchas de vieira. El descubrimiento de la isla por lo visto se debe a un burro moribundo al que su amo llevó a la isla a morir. Cuando su amo volvió para enterrarlo se lo encontró no sólo recuperado sino también rejuvenecido. Así que el año que viene cumplo 32.

Capilla de la isla de la Toja

Capilla de la isla de la Toja

En un restaurante cercano nos explicaron la diferencia entre el pulpo a feira y el pulpo a la gallega, que hasta entonces pensábamos era la mismo, pero no. El pulpo a feira lleva pimentón dulce, aceite y patata, el pulpo a la gallega lleva una ajada que además lleva aceite, pimentón dulce y patata, pero claro… con ajo. Se parece pero no es lo mismo.

Vista de la Isla de la Toja

Vista de la Isla de la Toja

Y como no podía ser de otra manera, por la carretera de circuncisión, llegamos a Vilagarcia de Arousa. Y como os digo una cosa os digo la otra, si hablo con el que puso el pueblo en la guía de viaje puede haber hondonadas de hostias. Se nota que no era un profesional, su concepto, y recordemos que el concepto es lo más importante, de pueblo de interés turístico deja mucho que desear o eso o iba puestísimo cuando salió del pueblo. Al menos podían haber puesto una estatua de Manquiña en algún sitio u organizar carreras de planeadoras para los turistas, para aprovechar el know-how.

Después de la cinematográfica decepción, la siguiente parada era totalmente literaria, Iria Flavia, marquesado del que era titular Don Camilo José Cela. La visita guiada de la fundación costaba 5€ y te regalan un libro. Además de esto, el cementerio es digno de visitar, no es tan pintoresco como los de Letonia pero también tiene su encanto.

Estatua de Cela en Padrón

Estatua de Cela en Padrón

Y relacionado con el anterior pueblo y haciendo frontera se encuentra Padrón, de donde además de Cela era natural Rosalía de Castro. En el paseo junto al rio hay sendas estatuas de cada uno de ellos en los extremos, es como si se miraran frente a frente. Y por supuesto, por todas partes vendedoras de los famosos pimientos del Padrón, que como todo el mundo sabe unos pican y otros non…