Pequeño madrugón para coger el bus desde Anurangabad a Ajanta. Éste es el bus:

P1000286

Tuve el privilegio, indicado por un amable pasajero, de sentarme en la cabina del conductor:

P1000292

De esta manera pude disfrutar de un viaje espectacular viendo todo el recorrido y todos los adelantamientos. Estuve tentado de ponerme a hacer el Luis Moya aprovechando el desconocimiento del idioma español del conductor pero para qué si menos ponerlo a dos ruedas hizo de todo. Y eso teniendo en cuenta que no todos los pasajeros iban sentados ya que hubo recoger a los de otro autobús que se había estropado durante el trayecto.

Al subir al autobús conocí a Jean-Philippe, un maestro francés que visitaba la India por octava vez, la primera en 1983 y que este año llevaba 6 semanas por aquí. Hicimos la visita a Ajanta juntos contando historias de viajes anteriores y comentando la cultura del país. La verdad, ha sido un compañero de viaje excepcional con un gran sentido del humor y un profundo respeto por la cultura y la gente de India. ¡Hacen falta más viajeros así!

Ajanta, que a estas alturas ya querréis saber lo que es, es un conjunto de cuevas excavadas en la roca del cañon formado por el río Waghore y está declarado Patrimonio de la Humanidad. Son 28 cuevas, la mayoría espectaculares tanto por su tamaño como por sus pinturas, esculturas y relieves.

P1000333

Estatua de Shiva en el interior de las cuevas ( para ser sin flash las fotos han quedado la mar de bien, al menos en la pantalla de 9″):

P1000343

Pinturas en la cueva 1:

P1000314

Relieve en el acceso a la cueva 19:

P1000383

Vista general del interior de la cueva 19:

P1000408

El momento divertido fue con unas monjes budistas que visitaban el monasterio y a las cuales algún desaprensivo les había vendido una colección de sombreros de la colección privada de la reina de Inglaterra. Éste no era de los más llamativos:

P1000360

Y tras visitar las cuevas fuimos a comer algo y nos echamos unas risas con un grupo de amigos que también hacia la visita.

P1000440

Y en el viaje de vuelta conocí a Sachin, de Pune, que estaba de vacaciones por allí y que me enseñó un poco de Hindi y con el que estuvimos bromeando con otros pasajeros. Entre ellos había un abuelete de 66 años que me dijo que tenía 62 y luego me enseño la tarjeta censal con lo que le descubrimos el engaño. También explicaba el abuelete que hoy no hablaba inglés porque estaba resfriado. Ciertamente tienen un sentido del humor bastante desarrollado y siempre ocurrente, tienen respuesta para todo.