Ellora a escasos 30 Kilómetros de Aurangabad, que hice en bús pero esta vez me tocó ir de pie, es otro conjunto de cuevas también excavado en la roca y también Patrimonio de la Humanidad.

El interior no está decorado de una forma tan suntuosa como las cuevas de Ajanta pero aunque sólo fuera por la cueva 16, que de hecho no es cueva porque está descubierta, la visita vale la pena. Esta cueva es el templo de Kailasa, hindú.

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En el templo hay una piedra que si se toca con la mano derecha mientras se recita “Om namá shivá” te da fuerza y te concede un deseo. Curiosa superstición que se repite en muchas religiones con las necesarias adaptaciones.

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El resto son mucho más modestas y su estado de conservación es bastante peor. Muchas de ellas, monasterios budistas, apenas constan de una gran sala alrededor de la cual hay pequeñas celdas para el descanso y meditación de los monjes.

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Otras tienen varios pisos pero son igualmente austeras en su interior, aunque las fachadas si tienen ricos relieves.

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El grupo de cuevas Jainís no lo visité. Había que dar un rodeo enorme porque el paso habitual estaba cortado y el tiempo me iba justo.

La siguiente visita fue a Fort Daulantabad. Para llegar allí cogí un todoterreno que funciona a modo de taxi colectivo, haciendo una ruta para ir dejando a los pasajeros y a un precio superbarato, 20 INR, pero con el inconveniente de tener que esperar en una parada a que el conductor captara nuevos clientes. La experiencia fue divertida porque algunos pasajeros se impacientaron y se pasaron a otro todoterreno que ya estaba casi lleno. Yo hice lo mismo y el conductor del primer todoterreno negoció 10 INR con el del nuevo por mi traspaso. En el todoterreno íbamos 15 personas, 4 en el asiento delantero llevando uno la palanca de cambio entre sus piernas, no sé si pagó extra este pasajero…

El punto fuerte de la excursión a Fort Daulantabad consiste en la subida al punto más alto de la fortaleza a 250m de altura por unas escaleras desiguales y empinadas en muchos tramos. Además un tramo se hace totalmente a oscuras y además se oyen murciélagos en todo el trayecto, lo que me recordó un paseo en Australia, uno concretamente.

Desde la cima se ve toda la zona y las vistas son espectaculares, realmente vale la pena el tiempo y el esfuerzo.

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La siguiente visita ha sido a un monumento llamado Bibi-qa-maqbara, que por este nombre no dirá mucho. Os cuento una historia. Imagina que se muere tu esposa de la cual estás totalmente enamorado y tú que eres una persona pudiente decides hacerle un mausoleo; pero no un mausoleo cualquiera, uno por todo lo alto. Y digamos que te gastas un pastón considerable que tu hijo no aprueba, estás dilapidando su herencia. Tu hijo se mosquea y te echa de casa. Pero para más sorna coge y construye una versión austera del mausoleo que tú has construido, y que le cuesta bastante menos. De culebrón de media tarde, ¿verdad? Pues el mausoleo en cuestión es el Taj Mahal y Bibi-qa-maqbara es conocido como “el pequeño Taj Mahal” o “el Taj Mahal pobre”. Cría cuervos…y tendrás muchos.

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Y la última parada del día en Panchakki, un molino impulsado por el agua del río que lleva funcionando desde hace casi 300 años y que se utilizaba para moler trigo y alrededor del cual han construido unos jardincitios y el mausoleo del inventor.

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Después a volar a Mumbai para coger un tren nocturno a Anantapur para pasar un par de días en la Fundación Vicente Ferrer.