Después de 7 horas y medio de vuelo hasta Viena en las que no pude pegar ni ojo, 5 largar horas de espera en Viena intentando mantenerme despierto ( a riesgo de perder el avión si me dormía en la sala de espera ) y dos horas y media durmiendo de Viena a Barcelona, ya estoy en casa y con el sueño recuperado.

Espectacular el cabreo de los austríacos por la espera en Barcelona para que salieran las maletas. Me alegré de no entender alemán para no escuchar lo que nos llamaban porque “spanischen” si que lo entendía.