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Y día 33: De Tokyo a Barcelona.

Por los pelos no pierdo el avión de Tokyo. Puse mal el despertador y me despertó el conserje por teléfono porque había reservado asiento en el shuttle del hotel para ir hacia el aeropuerto. Así que con las lagañas en los ojos, cerré la maleta como pude y bajé zumbando. El shuttle ya no estaba y el tren pasaba en 7 minutos, el siguiente al cabo de una hora, demasiado tarde.

Habría que inventar algo para poder grabarse uno en estas situaciones. El hotel estaba casi tocando la estación pero la distancia que los separaba era un paso elevado sin escalera mecánica ni ascensor, y yo iba con dos maletones, una a la espalda y otra con ruedas, que creo que no tocaron el suelo en buena parte del trayecto.

Llegué al tren de milagro después de pelearme con la máquina de billetes, menos mal que la conocía de los días en Japón, y a los pocos segundos se cerraron las puertas. Aún no me lo creo…

Doce horas de vuelo para llegar a Viena, dos películas interesantes y cuatro comidas (sí, cuatro) me mantuvieron entretenido mientras acababa mis deberes… Luego en Viena con 3 horas largas de espera me dieron ganas de ir a la ciudad a tomarme un croissant ( es su ciudad de origen ) y café pero al final me quedé leyendo y escribiendo en el aeropuerto, además me cambiaron la puerta de embarque o sea que estuve entretenido pasando controles de seguridad austríacos.

No sé si era algo psicológico pero el vuelo de Viena a Barcelona, de sólo dos horas y media, se me hizo interminable, casi tanto como la espera de las maletas en Barcelona que fue eterna.

Cuando empecé el viaje e incluso cuando lo planeaba no me imaginaba que fuera a ser tan interesante y enriquecedor. Ha sido una experiencia muy satisfactoria llena de buenos momentos y salvo haber perdido las gafas de sol en Beijing y que fallaran las tarjetas de crédito y se estropeara mi netbook todo ha salido genial, quitando las cosas que no se han podido visitar. Definitivamente, he disfrutado muchísimo el viaje y espero poder volver a algunos de los sitios que he visitado para seguir conociéndolos mejor.

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Último día en Tokyo de este viaje, o eso me pensaba yo cuando me levanté por la mañana, así que tocaba chequear la lista de sitios a visitar para intentar completar el máximo. Preparados, listos,…. ya!

A las 9 ya estaba en el mercado de pescado de Tsujiki, una experiencia muy recomendable porque además de ver la actividad, ves como manipulan ( son unos cracks con el cuchillo ) y mucho pescado vivo, incluso una ánguila bailando en el suelo ( no avanza, se mueve de lado ). Por allí cerca, hice una comida tempranera en un local de sushi cercano que recomienda Lonely Planet, Sushi Zanmai, que luego he visto es una cadena. Sería el hambre o la autosugestión de haber visto el pescado fresco pero es el mejor sashimi que he comido, especialmente las bolas de caviar rojo.

Sashimi Tsukiji

Sashimi Tsukiji

Después fui al Edo Museum, que recrea la vida en Tokyo desde sus inicios. Realmente de los varios museos y similares que he visitado este es el que más me ha gustado. Además ofrece un servicio de guías voluntarios gratuito en diversos idiomas, me acoplé a una un buen rato y la verdad que vale la pena. Yo diría que para hacerse una idea de Tokyo éste es ÉL museo.

De ahí volví a Odaiba a Joypolis, el mega salón recreativo de Sega y probé el half pipe que me había recomendado ET. La verdad, quedé el último pero para no haber hecho snowboard nunca la sensación fue muy buena, y no me caí … 🙂 Ví una película en 3D de Sonic que era la atracción en la que había menos cola, sin pena ni gloria, entretenida.

Y ya con el tiempo justito me fui a la Fuji TV Tower a ver las vistas de la bahía y el Rainbow Bridge. Coincidió con un macrofestival infantil y de las novias y la verdad es que fue un pequeño follón llegar por la cantidad de gente que había. Para colmo no saqué el ticket en la planta baja y cuando llegué arriba tuvieron que llamar a la encargada para que me lo vendiera, superamables y comprensivos, lo tienen todo previsto.

Rainbow Bridge desde Fuji TV

Rainbow Bridge desde Fuji TV

Quedó pendiente el crucero por la bahía que intentaré hacer desde Yokohama, antes de partir para China, porque los horarios no me cuadraron. En la zona de los barcos me encontré por sorpresa una playa, que me recordó a la del Port Olímpic  y una estatua de la Libertad en pequeñito.

Odaiba Beach o Barceloneta?

Odaiba Beach o Barceloneta?

Había quedado para cenar con Yoshi, mi amigo japonés, y me esperaba en el hotel con lo que salí para allá para llegar al hotel con 1 minuto de margen, a eso se le llama apurar y no lo que dice Gillete.

Fuimos a cenar por la zona a base de pequeños platos japoneses, tipo raciones y tuve la oportunidad de probar muchas variedades, entre ellas y que según Yoshi no suele gustar a los occidentales una especie de rebozado de “soja beans” que tenía un saber casi dulce, delicioso. Después le mostré un bar flamenco que había encontrado por la zona y estuvimos tomando algo escuchando flamenco de un cantaor japonés. La clientela japonesa me comentó cosas sobre España, quien más quien menos la había visitado alguna vez.

Le conté a Yoshi mis planes para los siguientes días y se apuntó a las excursiones en las cercanías del monte Fuji, el cual ha subido cuatro veces. Así que nos veremos en Fuji-Yoshida el día 24 y después de ver la zona nos volveremos para Tokyo, donde me ha invitado a quedarme en su casa. Así que veré una casa japonesa 100% real y me ahorraré medio día de viaje.

El día anterior las dos lavadoras del hotel estaban ocupadas así que me puse el despertado a las 6 para poner la lavadora y seguir durmiendo con el tiempo de desayunar antes de bajar a recogerla. Por no sé que motivo, las 2.5 horas de lavado se convierten en 4.5horas, vamos como si la lavadora tuviera Windows como S.O. que no lo tenía porque la ropa salió del mismo color que entró.

Así que salgo del hotel pasadas las 11 rumbo a la zona de Tsukiji, mercado de pescado, donde ya me imaginaba que no habría ya nada que ver como así fue: ya estaba todo el pescado vendido.  Volvería al día siguiente.

Al lado había un jardín japonés enorme, Hama Rikyu Teien, que en japonés significa “jardín donde pega el sol de plano y te vas a enterar de lo que es el verano japonés”(o algo así).  A pesar de ser Agosto y de que la mayoría de arboles y plantas no estuvieran en flor valió la pena visitarlo:

Hama Rykiu Teien

Hama Rykiu Teien

De ahí, con mucho calor y aprovechando que el cielo está despejado, a toda máquina para la Tokyo Tower, visitando por el camino un templo. La torre de Tokyo es como la torre Eiffel pero 9 metros más alta ( como le recordé a un francés con el que hablé el día anterior ) y de color rojo y blanco. Tiene dos miradores a 150m y 250m de altura respectivamente. Además de las espectaculares vistas , aunque no se viera el Fuji, en el mirador bajo tiene ventanas en el suelo para ver la base de la torre 150m más abajos.  Ante la sorpresa del resto de japos me hice esta foto estirado en el suelo:

Tokyo Tower

Tokyo Tower

De ahí me fui a la zona del Diet Building ( congreso japonés ) porque supuestamente siguiendo la Akasaka-dori, donde ví mi primer atasco japonés, llegaría a una zona de tiendas de antigüedades, que no encontré o que estaban cerradas y que sin poder leer los letreros pasé inadvertidas.

Llegué a la zona de Roppongi, donde en el Midtown hacían un espectáculo de “waterworks” (agua, luz y música ). CJ, prometo pasarte el vídeo, te gustará pero  no le llega a las fuentes de Plaza España ni a la cintura.

De camino al restaurante, descubro dos turistas españolas desesperadas con los planos, no encontraban Roppongi Hills ( los rascacielos más altos de la zona ). Me congratulo de no ser el más torpe de los turistas y les indico donde está el sitio. Las chicas les echan la culpa a los planos, mala estrategia para mejorar…

La cena de impresión, sukiyaki de ternera de Kobe como colofón a unos entrantes con marisco y alguna delicatessen más. Disfruté como un enano de cada bocado. Para la elaboración, a cargo del comensal, ayudó la experiencia de un restaurante chino de hot pot en Barcelona, gracias DT.

Sukiyaki

Sukiyaki

Y después de la cena conocí a Ed (americano) e Iván(Serbio) que trabajan en consultoría IT en Tokyo. Iván se casa en dos semanas y había que ver como manejaba las relaciones sociales, asiática que entraba al local, lanzamiento de tejo. No sé puede contar con palabras.

Me fui pronto para el hotel y me volví a perder saliendo de la estación porque probé otra ruta, iba bien pero no estaba convencido y volví atrás para volver a coger la misma ruta revisada desde un punto de referencia. La estación tiene 30 salidas y ayer para más INRI alguna estaba cerrada.

Un día de muchísimo calor así que lo dediqué a ver sitios que estaban en interior.

El primero fue el Museo Toyota, donde exponían desde modelos antiguos hasta los más nuevos de todas las marcas que fabrican. También había simuladores de los sistemas de seguridad que van a incluir en los próximos modelos, tan reales que había que ponerse el cinturón de seguridad. Resulta difícil conducir por la izquierda, siempre rayaba el lado izquierdo del coche porque me situaba mal en el carril…

Después estuve en el edifcio Sunshine city donde fui al acuario, que según la Lonely Planet es el mayor del mundo en un edifcio, y que fue una pérdida de tiempo completa, es una pecera grande y la mitad es al aire libre así que sudé lo que no está escrito.

De ahí me fui a un parque temático freakie como pocas cosas he visto en este mundo pero también divertidísimo, se llama Namjatown, y es una especie de feria con personajes de terror que hasta los niños japoneses se asustaban, y también había un teatrillo donde iban saliendo personajes y cantando haciendo coreografías para que los niños y los padres les acompañaran. Me partí de risa con la versión japonesa de “En Joan petit quan balla”. Lo que peor llevé es no hablar ni una palabra de japonés como para pedirme un supermegahelado en la Ice Cream city que había en el parque, había demasiadas variedades y elecciones que hacer. Al final una tarrina de helado ya envasado que no resultó estar muy buena, se suponía que llevaba coco y parecía que tuviera calabaza.

En la planta 60 del edificio hay un mirador, pero con todas las nubes fue imposible ver el monte Fuji. Sesión de fotos y para abajo.

Sunshine 60

Sunshine 60

De ahí fui a dar un paseo por Otome Road y sus tiendas de Anime y Manga, con todo tipo de merchandising, eso sí, los comics todos precintados para no poder ni hojearlos, que no aprendan en la FNAC.  Siendo día “laborable” apenas había Otaku. Lo que sí vi varias promotoras de cafés de sirvientas, cafés donde te atienden chicas vestidas como tales y se establece un cierto juego de rol (naive entiendo entre cliente y sirvienta), que huyen cuando ven una cámara, una casi se cae al pirarse.

Os pongo la foto de un póster. DBC, te prometó que intenté hacer la foto a una real pero fue imposible. El dái anterior con Yoshi ya nos dijeron que nos le dejaban hacerse fotos si no era para la promoción de la tienda.

Maid café

Maid café

También entré a un salón de máquinas recreativas (ahora no me viene a la cabeza el nombre que le dan), y son enormes, hay muchísimos y están llenísimos de gente, a veces incluso con colas para algunos juegos ( por lo que me parecio ver ).

Y de ahí para el hotel, que empezaba a ser tarde y había que hacer la colada.

Estuve todo el día de excursión por Tokyo con Yoshi, el japonés al que conocí en la Art Performance del día anterior.

Yoshi ha estudiado y vivido 25 años en USA, es “Management Engineer” y tiene 61 años,que no aparenta. Le gusta el flamenco, y cuando digo le gusta, me refiero a que canta y baila en parques en Tokyo. Está casado con una americana de origen polaco. Se fue a Estados Unidos, según me contó porque estaba cansado de darse golpes en la cabeza con los marcos de las puertas y eso que yo diría que no pasa del 1,80 de altura pero si que es más alto que la media japonesa significativamente.

Como yo no tengo móvil, el mío no funciona en Japón por cuestiones tecnológicas, quedamos en un sitio muy concreto del andén de una estación.

Fuimos a visitar Akihabara, barrio de la electrónica; la experiencia totalmente diferente de ir solo: los precios se pueden regatear y te enteras de las ofertas que hay, vamos que sabe uno lo que está viendo. Sólo Olimpus y Pentax ofrecen productos “non only Japan”, que además permiten configurar los menús para que no salgan en japonés, ni Sony, ni Panasonic que eran las marcas que había mirado algo en España daban esa opción. Una pena porque he descubierto que la lente de mi cámara esta sucia por dentro (otra vez) y cuando hago fotos con mucho zoom se ven unas manchitas. Quizás en Hong Kong.

Luego paseamos por la zona de tiendas de Anime, pe ro no había mucho movimiento de gente y en las tiendas todos los comics están envueltos así que apenas estuvimos 5 minutos en una tienda.

Pasamos por un mercado de comida, a ver las paradas, había muchísima variedad y rarezas como unas vieiras del tamaño de mi mano. La fruta, no sé si lo he mencionado en otro post pero carísima, 2000 Yenes los melocotones. Salvo la piña y el plátano y alguna cosilla más el resto en esos niveles, eso sí las cerezas del tamaño de pelotas de golf casi.

De ahí a Ueno a visitar el Museo de Arte de Tokyo donde tampoco había muchas traducciones al inglés pero que vale la pena visitar.

Fuimos a comer a Asakusa, a un restaurante típico japonés de esos de mesita baja y donde se supone que comes con las piernas flexionadas pero que tiene truco hay un hueco debajo de la mesa para meter las piernas. Probé el Unagi, ánguila, que estaba muy buena.

Unagi: Tatsumiya restaurant

Unagi: Tatsumiya restaurant

Después de comer, y con un calor bastante sofocante fuimos a ver un templo budista donde Yoshi me contó algunas cosas de ese culto y participé de muchas de las supersticiones que lo conforman, como frotarse con humo de un inciensario para sanar esa parte del cuerpo.

Después probé el granizado japonés de limón, hielo picado en el momento al que le añaden jarabe del sabor que gustes.

Para acabar la tarde fuimos a pasear por un barrio residencial de casitas unifamiliares donde compré con ayuda de Yoshi, como si no!!!!, detergente para hacer la colada.

La verdad es que nos hemos reído mucho comentando temas tanto de Japón como de España y hemos quedado que cuando vaya a España para estudiar flamenco el próximo año nos veremos en Barcelona. ¡Así lo espero!

Por la noche fui a Roppongi, zona de ocio, pero que por ser el festival Obon,  lo cual no supe hasta el día siguiente, estaba bastante desierta. Cené en un italiano, porque los restaurantes japoneses que había eran carísimos, del orden de 70-100€,  sin ser nada del otro mundo e incluso los precios de la carta estaban sólo en japonés. Había un mirador al que no subí porque el cielo estaba muy nublado e igualmente no iba a poder ver mucho, hoy martes volveré que además parece que el cielo está despejado.

El Japan Rail Pass es un abono para poder coger los trenes de Japan Rail sin límite durante el período de validez del pase ( 7, 14 o 21 días sino recuerdo mal). La parte curiosa es que ese bono no se vende en Japón sino que lo compras en tu país de origen y cuando llegas aquí te cambian el “ticket exchange” que te han dado por el bono.

En mi caso lo compré en las oficinas de HIS, en Roger de Llúria. La empleada que me atendió, japonesa, ya me hizo hacerme una idea de lo formales y protocolarios que son. Después de extender el ticket que es nominativo, me hizo repasar que los datos fueran correctos dos veces. Lo curioso no fue eso sino además la seriedad con la que se tomó la tarea porque me miraba fijamente asegurandose que estaba revisando la información (nombre, fecha de expedición e importe ).

El precio cambia cada 15 días según la cotización del yen.

Hice el canje en la estación el tercer día en Tokyo, el tema también tiene su protocolo: rellenas un formulario, lo entregas y te hacen esperar en una sala hasta que te llaman por número. Por primera vez me encuentro con alguien que tiene un inglés correcto y a quién se le pueden preguntar cosas, pero solo una de las chicas que atendía lo tenía porque al cambiar de ventanilla para reservar el tren para Kyoto, inglés nulo. Lo curioso es que es la oficina de JR donde emiten los JR pass o sea que por aquí pasan muchos extranjeros.

Conclusión y como diría Laporta “que no estamos tan mal” en inglés en España respecto a los japoneses.

Tercer día en Japón, que incluyó visita al parque Yoyogi donde hay un templo budista donde la gente escribe sus oraciones en papel o tablillas de madera y las entrega para que los sacerdotes las bendigan. Además hay un museo del Emperador Meiji, que promulgó la constitución Japonesa.

Después fui a Shibuya, zona comercial de Tokyo con decenas de grandes almacenes de todo tipo y con una afluencia de gente increíble, tengo un vídeo que es una pasada de la cantidad de gente que se pone en movimiento cuando se ponen los semáforos en verde.

En la zona me encontró con lo más freak de todo Japón ( y del mundo diría yo ), un festival dance con gente muy maqueada, una concentración otaku (japonesas vestidas como muñequitas de porcelana o góticas o caracterizaciones varias muy extremadas) y para poner la guinda la Tokyo Pride Parade, bastante modesta en número de asistentes.

Otaku girl

Otaku girl

Pero lo mejor del día vino luego cuando fui a una performance artística, a la que invitaron el grupo que conocí la noche anterior. La performance consistía en que una pintora, se dedicaba a pintar un cuadro mientras una pianista tocaba y cantaba diversas canciones haciendo participar al público. Así que todavía no sé como acabé tocando las maracas con un japonés acompañando a la pianista y mientras la pintora seguía a la suyo.

Art Performance

Art Performance

Lo más divertido fue el sentido del humor que tenían los japos, aún sin entender el idioma y con lo poco que me tradujeron, me reí un montón, no en vano son los inventores de “Humor Amarillo”

Con el compi de percusiones, quedé para ir de excursión al día siguiente.

Día 1 – Tokyo

Después de cumplir con los preceptivos trámites de aduanas y de recoger la maleta en la cinta sin incidentes ( por lo cual doy gracias ) he llegado a Tokyo en tren, en el Narita Express, hasta Shinjuku. Como el check in en principio no es hasta las tres y he llegado a las 10, con maleta y todo me he ido a un edificio cercano del gobierno que tiene un fantástico mirador y así hacerme una idea sobre la ciudad.

Y ahí empiezan las malas noticias del viaje, Tokyo es tan grande que no me la voy a acabar, mires en la dirección que mires, no se ve donde acaba. Voy a tener que extender la duración del viaje 🙂

Me ha sorprendido que una isla volcánica como es donde está Tokyo ( no sé como se llama ), permita una ciudad tan plana y tan grande.

Tokyo landscape

Tokyo landscape

Impresionantes edificios y el contraste de las zonas residenciales de casitas con los rascacielos.

Al final he llegado al hotel a las 12h y para mi sorpresa, y atendiendo a una especial request que hice al hacer la reserva mi habitación ya estaba disponible, así que tras instalarme a comer: sushi en un local típico de la zona con su barra y el sushiman, correcto sin más.

Estaba cansadísimo pero como para pasar el jetlag la única solución es coger los horarios desde el principio, me he planteado irme a unos baños termales (onsen, es su nombre japonés ).

Ahí es donde he descubierto la complejidad del transporte urbano: hay un montón de distintas compañías de metro, cada una independiente de la otra, las estaciones no están conectadas y unas no anuncian las rutas de las otras con lo cual he dado unas cuantas vueltas por Shinjuku y la bahía de Tokyo hasta llegar a la zona de las termas. En lo que sí están de acuerdo es en el pago, tienen una tarjeta integrada, la Pasmo card que una vez descubierta me ha simplificado los transbordos que no abaratado…

Al final he llegado a la zona, y después de pasar por una exposición de Toyota con simuladores de todo tipo y posi¡bilidad de conducir vehículos eléctricos y una especie de mini museo de la tecnología del automóvil, y dejar para otra ocasión la ciudad Sega, he llegado al onsen (Oedo Onsen Monogatari), que tiene un protocolo importante, que ya contaré en otro momento. De entrada te has de vestir con un Yukata y a partir de ahí tienes acceso al complejo con todo tipo de actividades además de los baños, todo muy familiar: masajes de los cuales no me he privado, tratamientos de  belleza (¿para que?), restaurantes, casetas de feria para tirar con arco y suriken(estrellas ninja), toda una experiencia que me ha dejado como nuevo para mañana empezar con fuerzas.

Onsen en yukata

Onsen en yukata

He conocido a Shungu, un japonés que viajaba a España 5 o 6 veces al año, y hemos estado hablando un buen rato, mientras cenábamos. Comentaba que el local estaba hoy lleno de coreanos y chinos, indistinguibles para mí, por supuesto. Comentaba que el mismo no tenía muy claro el tema del metro.

A ver si mañana consigo un mapa ( o varios ) y así me muevo con más independencia. Preguntar ayuda muchas veces, pero cuesta porque te hablan en japonés siempre, así que te quedas con las señas. Interés le ponen, uno incluso ha hecho ademán de llamar por el móvil para preguntar, cosa que le dicho que no hacia falta, después de coger el plano e intentar orientarse un rato él mismo.